Notas y evaluaciones

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Más que nunca estoy convencida de que las notas y evaluaciones que se hacen en nuestro sistema educativo actual no sirven para nada constructivo. Algunos amigos profesores me comentaban cómo sabía yo que mis hijos sabían tal y cual cosa, cómo sabía yo qué sabían ellos y que, al ser su madre, yo no los podía “evaluar correcta y objetivamente”.

Solía poner cara de póquer. Si no sabe la madre qué saben sus hijos, ¿quién lo puede saber?
¿Cuántos padres me cuentan que sus hijos saben un montón de cosas, pero que en el colegio o bien se ponen nerviosos y no dan todo su potencial cuando se requiere, o bien conocen cosas extraordinarias, pero que según el currículo oficial estos conocimientos/habilidades “no valen”?
En este caso, ¿quién sabe mejor qué saben los niños? La mayoría de los profesores desconocen la vida real de los niños; ni les interesa cómo viven, qué saben realmente, cuáles son sus habilidades, intereses y talentos. Tampoco recuerdan los nervios que le pueden entrar a un niño cuando de repente tiene que “actuar” delante de toda la clase reproduciendo de forma memorística informaciones obligatorias irrelevantes.

Pero fuera de todo esto, admitiendo absurdamente que unas pruebas memorísticas puedan reflejar el grado real de conocimiento que puede ostentar un ser humano en ciertos momentos de su evolución, ¿de qué manera se ponen las notas en el sistema actual?
¿Alguien ha pensado que las notas que se ponen no sirven para aprender/educar, sino para destrozar el proceso de aprendizaje?
Algunos profesores defienden este modelo, dicen que así “incentivan”, “incitan”, “fomentan”   el espíritu de asimilar conocimientos, olvidándose de que los niños y, en general, los seres humanos no necesitan incentivos para aprender, nos viene grabado en el ADN de “fábrica”. La mayoría se olvida que lo que no hay que hacer es bloquear estas ganas de aprender.

Poner una nota sin luego dar la oportunidad de mejorar la asimilación de conocimientos es inútil y cruel.
Poner una nota por algo que el niño/alumno NO SABE, cuando el papel del maestro/profesor es ENSEÑAR, se me antoja hasta absurdo y perverso.
Ignorar los conocimientos ya asimilados y poner notas sólo por lo que el alumno no sabe, en vez de darle la oportunidad de aprender, de corregir esta falta o simplemente dejarle elegir qué conocimientos quiere adquirir, me parece maldad gratuita.
Y es contraproducente porque confunde al niño, pervierte y tergiversa completamente el acto de aprender/educar, y no ayuda en nada.

Los niños van a la escuela a aprender lo que no saben y tienen derecho a ser evaluados por LO QUE SABEN, no por lo que no han aprendido todavía. Y si unos saben y otros no hay que hacer lo imposible para que LO SEPAN TODOS. O ver qué es lo que quieren saber algunos y enseñárselo… y sólo entonces se puede uno considerar un gran maestro, un verdadero profesor, sólo entonces puede uno darse por satisfecho y puede evaluar correctamente a los niños. Mientras no haya hecho este esfuerzo de entender las limitaciones de los niños, y a la vez sus enormes y frágiles ganas de aprender, ningún adulto merece llamarse maestro, ningún adulto se puede permitir la falta de respeto de “evaluar” la ignorancia de los niños ya que ellos acuden al colegio para adquirir conocimientos, no para ser etiquetados en base a lo que no han adquirido. 

¿Para cuándo los exámenes y las notas dejarán de ser instrumentos de crueldad e ignorancia? ¿Cuándo tomaremos cartas en este asunto y pediremos una dinámica de aprendizaje real en las escuelas, no una farsa, un simulacro?

Si quieres aprender a evaluar de otra manera. ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA
 

Sorina Oprean, tutora de la Pedagogía Blanca

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