Puajjjjjjj… Qué asco!!!

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Me encuentro niños que, a escondidas, tratan de ser “bicheros”. Niños que a sus madres, padres o hermanos les dan tanto asco los animales en general o los insectos en particular que no soportan ni oír hablar de estos seres.

Niños que desean tocar un pez, coger un saltamontes o un pájaro. Niños que piden ir a un zoológico o a un museo donde puedan aprender sobre estas cuestiones.

Un alumno de actividades extraescolares de cinco años me pedía que hiciésemos cosas con “bichos”, “porfa, porfa, porfa…”. “En casa no quieren saber nada de nada de animales y a mí me encantan, pero solo me dejan tocar los de plástico”.

A veces, cuando somos padres, tenemos que lidiar con algunos aspectos no muy agradables para nosotros. Desde cuestiones puramente higiénicas, como limpiar un vómito o quitar piojos, hasta otras más relacionadas con traumas o fobias propias.
Es evidente que, si no nos gustan los “bichos”, vamos a transmitir ese sentimiento a nuestros hijos aunque no queramos. Pero, si somos conscientes, deberíamos trabajar esos aspectos para no hacerlo. O, al menos, no tan descaradamente.

Si, desde que son pequeños, a cada perro que vemos por la calle hacemos un gesto de pánico como cogerle en brazos o exclamar alguna frase hecha tipo “un perro, ven, no te vaya a hacer algo”, conseguiremos que nuestros miedos se trasmitan a nuestros hijos sin darles la oportunidad de valorar, por sí mismos, qué tal les caen los perros.

De igual modo, cuando aparece una araña en el techo del salón y la perseguimos hasta liquidarla o un pájaro se cuela, sin querer, por la ventana de la cocina y gritamos como si hubiese entrado el mismísmo Conde Drácula.

Difícil entonces actuar con sentido común. Pero tenemos que buscar la fórmula para evitar estas reacciones en su presencia o, simplemente, reconocerles que a nosotros no nos gustan pero que no queremos que ellos reaccionen igual.

Es el momento de pedir ayuda a algún familiar o persona de confianza que le apasione la Naturaleza, que les pueda enseñar cosas sobre los animales, que inicien con él una colección de rastros animales (piñas roídas por ardillas, almendras comidas por un ratón, nidos abandonados, cáscaras de huevos de pájaros del bosque ya nacidos, plumas, huellas, huesos, egagrópilas, etc…), que hagan con él alguna excursión a ver y a escuchar pájaros, etc…

Es muy importante que, si ese es el interés de nuestros hijos, lo desarrollen. Además, estoy segura que viéndoles a ellos disfrutar con su pasión se amainen nuestros problemas con algo tan importante como es la Naturaleza.

Si desaparecieran los insectos de la tierra, sobre todo las abejas, duraríamos un abrir y cerrar de ojos. Así que, hacen falta pequeños naturalistas para que el Mundo siga funcionando.

El círculo de Lola.

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