¿Qué enseña un castigo?

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Familia y Escuela son los ámbitos que tienen la responsabilidad  y la obligación de proporcionar al niño educación. Y uno de los recursos a los que se acude para educar es el castigo, en la errónea creencia que tiene un valor educativo. Pero, ¿realmente qué enseña un castigo?

 

Primero, el castigo no enseña responsabilidad real, sino el que determinadas conductas son punibles, lo que no incide en que el niño, especialmente el niño pequeño, reconozca la razón por la que su acción no es adecuada y no le proporciona las herramientas para cambiarla. Lo que mejor aprende es la ocultación, el miedo y el intentar que sea otro el que pague sus errores.

 

Segundo, le señala ante otros, especialmente si es castigo es público y mostrado frente a sus compañeros. Si el castigo a un niño pequeño supone separarlo del grupo, mandarlo a una clase de “bebés” o ponerle una marca (aunque sea una pegatina triste en su cara o un panel), fomentamos la estigmatización, el lenguaje agresivo no verbal y hacemos que el niño se sienta frustrado y humillado ante otros, lo que, más que ser positivo, engendra resentimiento, tristeza o furia.

 

¿Es educativo el castigo? No, rotundamente no, existen alternativas mucho más realistas, efectivas y proactivas que realmente ayudan al niño y le proporcionan una auténtica educación.

 

Mireia Long

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