¿Qué necesitan los niños para aprender a comportarse bien?

Parece que los padres y madres tienen cada vez más dudas sobre como deben educar a sus hijos y piden consejo sobre lo que necesitan los niños para aprender a comportarse bien.  Y, aunque muchos vean esta necesidad de ayuda y formación como un defecto que muestra que han perdido la autoridad o la confianza en si mismos yo querría hacer una serie de matizaciones.

¿Es bueno que los padres pidan consejo o busquen asesoramiento?

Evidentetemente es bueno pero, como os decía, hay que matizar. Por un lado, está bien, es cierto que la crianza ahora se ve como algo muy complicado y se busca guía. Eso es, por un lado, un síntoma maravilloso de que los adultos ya no andan endiosados, creyendo que saben todo y que su autoridad u opiniones heredadas, deben ser ley inamovible. Pues tienen razón, el autoritarismo adulto y las costumbres de crianza del pasado tienen serios problemas con asuntos como el respeto a los niños como seres humanos con derechos, el respeto a las necesidades emocionales de los niños y su desarrollo natural físico, psicológico y cognitivo.

Así que está genial que los padres y madres quieran aprender a educar y quieran saber lo máximo posible sobre como educar de forma equilibrada y respetuosa a sus hijos, al fin y al cabo, la responsabilidad es de los padres y, por mucho que los especialistas y científicos indaguemos y presentemos conclusiones, en cada niño, individualmente, son sus padres los mayores expertos. Y, seamos sinceros, es a los padres a quienes le importa más que a nadie el bienestar de sus hijos, no al psicólogo, el maestro o el conferenciante.

Por otro lado, también hay un cierto matiz negativo en esta tendencia. Primero, el principio de autoridad y el poder de los «expertos titulados» se trata de imponer sobre la tutela y la patria potestad, desempoderando a los padres y madres, haciéndoles de menos y pretendiéndoles irresponsables o ignorantes. Y no, esto no es cierto. Con sus lagunas y errores los padres y madres siguen siendo los responsables de sus hijos y están, si se esfuerzan y se forman, perfectamente avalados para elegir la educación de sus hijos.

Y bueno, hay «expertos» que son especialmente dañinos, pues, precisamente, promueven prácticas que distan mucho de enfocarse en entender las necesidades de los niños, sus sentimientos, sus emociones, su evolución y desarrollo. Usan, lamentablemente, la necesidad de guía de padres que no tienen claro que sean capaces de confiar más en los niños y quieren un método pautado, fácil de seguir, que refuerce su autoridad más que ganarse la autoridad que nace del auténtico respeto por la coherencia y la serenidad. Para colmo, algunos, llenan auditorios con sus consejos chuscos y su agresividad sarcástica contra los niños, amenazando con que si no se les para en seco van a convertirse en delincuentes juveniles, cuando, seamos sinceros, si te pasas por una prisión la mayoría de los que están en ella por algún delito no han recibido precisamente atención, amor y buenos tratos en su infancia.

Está claro que los niños SI NECESITAN LÍMITES, (puedes buscar muchos artículos de nuestra página al respecto) pero también otras muchas cosas igual de importantes o, mejor dicho, sin las cuales los límites y normas no son más que conveniencia o costumbre adulta.

Los niños que no están teniendo un comportamiento correcto (cosa que habría que matizar mucho, pues no siempre los adultos juzgan correctamente lo que es un comportamiento adecuado en un niño), es decir, que tienen actitudes peligrosas o dañinas para otros o para ellos mismos, necesitan imperativamente que los ayudemos para no perderse.  No necesitan más amenazas, ni más gritos, ni más castigos y mucho menos una torta a tiempo (algo que es un delito).

Entonces, ¿qué necesitan los niños para aprender a comportarse bien?

  • Necesitan adultos que entendamos que muchas de sus actitudes nacen de una inmadurez a la hora de enfrentar retos y que necesitan tiempo y acompañamiento para que puedan desarrollar su flexibilidad y capacidad de adaptación a la frustración o los problemas.
  • Necesitan que los adultos responsables comprendamos que esa inmadurez debe ser acompañada con el mismo amor y empatía que un retraso madurativo en otras áreas como el aprendizaje o la motricidad.
  • Necesitan que nunca los etiquetemos como malos, incorregibles, maleducados, caprichosos o malcriados.
  • Necesitan que los adultos seamos proactivos y se adelanten a los problemas habituales en los que se producen sus estallidos o comportamiento incorrecto.
  • Necesitan que los adultos escuchemos y contengamos y acompañemos, no que los castiguen, ignoren, griten o manden a la silla de pensar, pues eso, en vez de ayudarlos, destruye su autoestima y los niños no llegan a comprender nada, solo sienten ira o pena o se odian a ellos mismos.
  • Necesitan adultos que los escuchemos, que no neguemos o minimicemos sus miedos, dolor, miedos o problemas, que les hagamos sentir valiosos e importantes y que nos preocupemos de ayudarles para entender el mundo y sus desafíos.
  • Necesitan adultos que dialoguemos, que no pretendamos que la autoridad es incuestionable y que seamos capaces de buscar soluciones cooperando con los niños, encontrando modos de resolución de conflictos que hagan que el niño desarrolle herramientas propias y no violentas para manejarlos ahora y en el futuro.

Mireia Long
Pedagogía Blanca

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