Retos en la atención a la infancia

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La infancia hoy en día se enfrenta a dos cambios profundos en su atención cuyas consecuencias no podemos imaginar ni prever ya que se trata de experiencias completamente nuevas en la historia de nuestra especie.
Una es que una gran mayoría de nuestros bebés no reciben apenas leche natural de su especie con los nutrientes y complejos componentes de un alimento vivo de mamíferos sino un preparado industrial en que cada vez se descubren más carencias a pesar de intentar mejorar su calidad. La contrapartida es que estos niños recibirán una alimentación variada y completa, con acceso a proteínas y grasas de calidad, con revisiones médicas y sin restricciones en nutrientes por vivir en un entorno donde las carencias y hasta hambrunas son casi inexistentes y la mejor atención sanitaria que jamás ha recibido ningun ser humano, viviendo además en entornos con una salubridad cuidada.
La otra es que la mayoría de los bebés y niños pequeños pasan la mayor parte de su día con cuidadores que no son sus madres o familiares directos, sino que son atendidos en instituciones educativas en grupos con unas ratios que no se asemejan a las normales en la especie. La separación de la madre se produce, en muchos casos, siendo aún lactantes, algo realmente diferente a cualquier comportamiento mamifero, indicándose además como necesario para el desarrollo del niño por ciertas corrientes psicológicas. A lo largo de la infancia los niños pasarán tanto o más tiempo en centros educativos que en compañía de sus familias. La contrapartida es que existen mecanismos de protección a la infancia y sus derechos y los niños sufrirán menos abusos y explotación que jamás en la historia, disponiendo además de entornos en los que su cuidado y su aprendizaje es importante aunque sea imperfecto.
La increíble resiliencia del ser humano, su capacidad de compensar lo malo con lo bueno, su aprendizaje y complejidad, posiblemente minimice las consecuencias a largo plazo de estas dos pautas tan extrañas pero cada vez más extendidas en el mundo occidental. Sin embargo, también podemos pensar que esto puede dejar huellas en el equilibrio físico , emocional y cognitivo. ¿Pueden compensar las mejoras de las sociedades occidentales ricas las carencias que, por otro lado, provocan? Yo creo que sin duda tenemos vidas buenas, no sería inteligente pensar en un pasado idílico, porque la realidad es que el hambre, la enfermedad y la violencia eran casi cotidianas y basta analizar los índices de mortalidad infantil para entender que no querríamos volver atrás por mucha aldea amorosa que imaginemos. Pero ¿no sería más inteligente aún que las mejoras no tuviesen este precio y nos esforzáramos en combinar necesidades naturales con avances culturales?

Mireia Long

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