Cuando se acaba la adolescencia.

Esa raya en la que tu hijo para ti sigue siendo un niño pero en el fondo está a punto de ser mayor de edad, cuando a tu hijo le quedan meses para cumplir 18 años, o incluso para irse de casa. ¿Qué sucede en la convivencia cotidiana?

Mi hijo mediano

¿Qué relación estás acabando de forjar en estos últimos días en los que todavía eres tú quien puede hacer valer esa baza de ser aún quien tiene el poder?

¿Te das cuenta de que cómo gestiones esta última etapa va a definir la relación que tendréis a lo largo de la vida adulta de tu hijo?

¿Por qué te cuento esto?

Por que yo lo estoy pasando por segunda vez en mi vida.

Mi hijo mediano está a menos de dos meses de ser mayor de edad y a 7 meses, unas 30 semanas solamente, de irse de casa para vivir en una gran ciudad como mínimo durante los próximos  cuatro años que estará en la universidad, y si soy honesta conmigo misma para volver a casa ya solo de visita y a disfrutar de parte de sus vacaciones  para el resto de su vida.

¿Qué espero yo de esta etapa que se avecina?

Sinceramente, espero que todo lo que hemos logrado construir a lo largo de su crianza y educación no se desmorone por que a mí me entre el ansia controladora en el último momento, cuando ya no tiene sentido.

Espero que mi hijo se sienta querido y valorado con la misma intensidad que cuando era un bebé  y no tenía ninguna duda de lo importante que era para su madre. Todos los hijos merecen sentir esa confianza y tranquilidad que puedes ver en la sonrisa de un bebé de siete meses mirando a su madre mientras ella le baña, mece o juega con él. Así quiero que cada uno de mis hijos se sientan, sabedores de mi amor incondicional por ellos incluso cuando se equivocan, o incluso cuando yo me equivoco y meto la pata hasta el fondo.

Esta reflexión a mi me ayuda a relativizar y a rebajar mis expectativas y mi nivel de enfado en estos días.

La combinación no es muy buena, seamos sinceros. Adolescente de 17 con la necesidad de volar y madre pre-menopaúsica. Hormonas alocadas por todas partes.

Me levanto por la mañana, el niño se ha ido dejando ropa tirada por todas partes. Llegaba tarde a un ensayo de teatro. Vale. Pero me toca a mí recoger todo eso. Me enfado. Entro en bucle de cabreo con pensamientos estúpidos. Me cago en la educación respetuosa y en el no castigar, porque claro, el niño hace lo que le da la gana por que sabe que no va a tener ningún tipo de consecuencia para él, solo yo quejándome y soltando espumarajos por la boca pero ya está, luego él se irá a jugar su partido de baloncesto, a ver a su novia, y la vida para él seguirá tan estupenda como siempre.  Mi cabreo no  baja de intensidad, hasta que me doy cuenta de un detalle: en nada de tiempo se va. Y ahí se me bajan todos los malos humos de golpe. Realmente ¿es tan grave que haya dejado ropa tirada en su habitación y en el baño? No, por que además cuando el enfado se me pasa me doy cuenta de que ni siquiera es algo que haga por costumbre, es algo circunstancial por las prisas, anda que no hago yo cosas similares si tengo prisa… Y además, cuando se vaya de casa hará lo que le dé la gana, ya está, ya está todo el pescado vendido, como se suele decir, ya terminé con su educación. ¿No es mejor que cuando vuelva le recuerde que lleve las cosas a su sitio y ya está? ¿Si en lugar de mi hijo fuera mi mejor amiga quien lo hubiera hecho no se lo diría amablemente? ¿No merece mi hijo como mínimo el mismo trato que mi mejor amiga?

Me he acordado del hijo de una amiga. El niño había ya cumplido los 18, en cuestión de meses  se iba a una universidad a cuatro horas de distancia en coche de su hogar, el chico trabajaba, estudiaba y encima aprobaba todo, había sido aceptado en varias universidades, era (es) buena persona… Vamos, que cualquier madre estaría orgullosa de él, y mi amiga se dedicaba a castigarlo por que el chico no había recogido su habitación. Le prohibía cosas, y le imponía castigos como coger la Xbox que el chico se había comprado él mismo con su salario y meterla en el maletero de su coche para que el chico no la usara por no haber recogido su habitación. ¡Si en nada va a estar fuera de casa y va a tener la habitación como quiera y no vas ni a verlo!

¿Qué lograba con eso?

A mí me daba la sensación de que lo que lograba era crear distancia con su hijo en un momento en el que necesitas crear cercanía. También me daba la sensación de que creaba en el hijo el sentimiento de nunca ser suficiente para su madre, ya que nunca estaba todo bien. Si trabajaba y ayudaba en la economía doméstica de la familia, además estudiaba y aprobaba, no se drogaba ni bebía alcohol, se relacionaba con buenos chicos, etc, no era suficiente. Cuando no era por que no había recogido su habitación era por que en opinión de su madre jugaba demasiado a la Xbox, aunque en realidad entre trabajo y estudios no es que le quedaran tantas horas, o que no hacía bastante deporte y le obligaba a salir con la bicicleta o a ir a jugar a futbol. Siempre había algo que el niño podía mejorar. Era terrible.

Así que cuando yo ahora me enfado por nimiedades intento darme cuenta de eso, lo primero de que es una nimiedad, lo segundo de que mi labor de madre educadora está llegando a su fin en ese sentido y que tengo que enfocarme más en la de madre consejera que es la etapa que ahora me toca en realidad, y lo tercero me doy cuenta de que si sucediera cualquier accidente o situación inesperada que no fuera buena me importaría muy poco, en realidad nada en absoluto, si mi hijo recogió o no su ropa o si cumplió o no cualquiera de mis expectativas, lo único que me importaría es que supiera lo mucho que le quiero y lo orgullosa que estoy de él.

Así que estos meses que me quedan me voy a dedicar a eso, a recordarle cada día lo feliz que me hace que sea mi hijo, y a disfrutar todo lo que pueda de su presencia, ya que por mucho que a mí me parezca que en ocasiones escasea, sé que en la etapa que se avecina va a escasear mucho más, y así debe ser.

Tuve a mi hijo para que fuera libre, capaz, independiente y feliz. Ahora que lo estoy logrando lo que he de hacer es alegrarme.

Azucena Caballero

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