azu

Los gritos matan la creatividad

 azu

La mayoría de nosotros tenemos muchas creencias limitantes, muchas asociadas a nuestras capacidades para hacer ciertas cosas y muchas vinculadas a sentirnos poco creativos. De hecho, muchísimas personas se sienten tan limitadas por lo que creen de sí mismas que hay que cosas que sencillamente ni siquiera se atreven a intentar.

¿De donde provienen estas creencias? En la mayoría de ocasiones de los mensajes acerca de lo que podían o no hacer que recibían por parte de los adultos que tenían a su alrededor. Y en el caso del
sentimiento de poca creatividad que muchas personas desarrollan viene condicionado por una crianza basada en gritos y castigos.Los gritos y los castigos generan miedo y el miedo paraliza. Cuando nos sentimos paralizados nos resulta muy difícil pensar en soluciones, crear, probar cosas diferentes… Los gritos que damos a nuestros hijos les crean ansiedad, apatía, rencor y sentimientos de inutilidad e incapacidad.

Y sí, muchos niños para refugiarse inventan un rico mundo interior con historias y aventuras en su mente. Imaginan historias donde son héroes, o queridos como desean, etc. Pero eso es evasión no productiva, no es creatividad orientada a la innovación o a la toma de acción. Y es importante que la creatividad se convierta en acción.

Por ejemplo, yo todos los días, cuando iba camino del colegio o cuando estaba castigada y sola en mi habitación, inventaba en mi mente historias en mi cabeza, tenía conversaciones imaginarias, pensaba en muchas cosas, pero no hacía nada con ellas, no escribía un libro, no intentaba encontrar de forma activa una nueva solución a cosas cotidianas que necesitaban mejoras (ojalá se me hubieran ocurrido a mí las alas de las compresas hace muchísimos años), en definitiva nunca daba el salto de pasar de mi mente a la vida real. Mi creatividad se quedaba siempre en la fase de la ensoñación, porque estaba paralizada por las limitaciones que otros me estaban inculcando acerca de mi capacidad o mi valía.

Eso le pasa a muchos niños y adolescentes todavía. Con nuestros gritos les paralizamos y hacemos que su creatividad se quede en las primeras fases de la misma.

Podemos evitarlo. Podemos dejar de gritar por sistema, podemos hacer sentir a nuestros niños valiosos y podemos ser un impulso y no un límite para su creatividad.

Dejar de gritar no solo mejora tu relación con tus hijos, hace que sus vidas sean más felices y significativas.

Azucena Caballero

Comparte este post