Puérpera y madre de día a la vez

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El puerperio es una etapa complicada: mucho cansancio, cambios hormonales bestiales, ajustes familiares y vitales, nervios, inseguridad… todo ello hace que sea fácil vivirlo como una fase negativa, sobre todo al principio.

Normalmente nos encontramos con que las mamás estamos solas en casa con el bebé, el papá seguramente nos acompañe unos pocos días al principio, pero en seguida tiene que incorporarse al trabajo. También es posible que eventualmente contemos con la ayuda de las abuelas si no trabajan o están jubiladas, pero si no también es complicado que eso suceda.

Estos momentos de soledad pueden resultar frustrantes y contar con una red de personas que nos apoyen es muy recomendable.

Hace miles de años, incluso en la actualidad en pueblos y tribus con costumbres ancestrales, lo común es que las madres con bebés y niños pequeños sean ayudadas por el resto de mujeres. Ellas se encargan de cuidar de los hijos mayores, limpiar, cocinar, y sobre todo acompañar emocionalmente a la madre.

El apoyo del entorno es fundamental para que la mamá y el bebé estén tranquilos, seguros y puedan disfrutar juntos de estos primeros meses. Actualmente la sociedad se enfoca en la productividad y la importancia de la maternidad queda relegada a un segundo plano, existiendo unos permisos muy escuetos tras los cuales la madre ha de reincorporarse al trabajo, por supuesto sin su bebé, que ha de quedarse al cuidado de terceras personas.

Trabajar como madre de día hace que me sea posible compatibilizar perfectamente un trabajo con el cuidado de mi hijo.

Mi bebé, mi hijo mayor y yo acudimos cada día a El Castillo, nuestro grupo de juego y nos relacionamos con niños de edades comprendidas entre un año y seis años. El porteo es una herramienta muy útil que me permite poder atender a los niños mientras mi bebé está satisfecho y tranquilo pegado a mí en todo momento.

A diario convivo allí con más madres y padres que acuden a llevar a sus hijos un ratito cada mañana. Las relaciones que surgen entre ellos y las madres de día que estamos allí están basadas en el conocimiento de éste estilo de crianza y educación que compartimos, por lo que es fácil sentirse arropada y comprendida.

A los niños no les extraña que haya allí un bebé. Es curioso ver grupos constituidos por niños de diferentes edades y observar cómo aprenden los pequeños de los más mayores y cómo organizan sus juegos. Si nos paramos a pensar un poco lo normal antes de que se escolarizara era encontrar pequeños grupos de niños de edades variables.

Por último me encantaría destacar la tranquilidad y la felicidad que me proporciona poder cuidar a mis hijos todos los días sin tener que delegar su cuidado a otras personas y poder disfrutar de ellos sabiendo que están en un espacio en el que pueden desarrollarse y expresarse libremente.

Rosalina Arenas Aguado

http://www.crianzarespetuosaelcastillo.es/

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