La crisis del Covid-19 ha mostrado que necesitamos cambiar el Sistema Educativo con urgencia.

Con la crisis del Covid-19 ha quedado algo clarísimo: el sistema educativo actual está obsoleto, y demasiados docentes se han mostrado incapaces de adaptarse al nuevo contexto.

He hablado poco, en general, de cómo se ha gestionado la atención educativa durante el período de cuarentena, confinamiento y crisis del Covid-19.

Voy a decirlo ahora: ¡Menuda mierda, oiga!

Sí, sí, ya lo sabemos, #notallteachers y honrosísimas excepciones que son las que nos hacen creer que todavía hay esperanza para la sociedad.

Por favor, las y los buenos docentes, entended que no va por vosotros.

Pero en general: no se podía hacer peor. Y el final de curso lo ha puesto aún más de manifiesto si cabe.

Niños a los que están suspendiendo asignaturas por que no entregaron o entregaron tarde tareas, por que por lo visto los niños son los únicos que en medio de la crisis que a todos los niveles hemos padecido, han tenido que seguir con los mismos horarios, tareas, obligaciones, etc. Y encima sin que el servicio que se supone que el Estado ha de proveer se estuviera realmente dando en buenas condiciones.

De repente, las familias, esas grandes criticadas siempre por el sistema, tenían que ocuparse de la educación de sus hijos, pero ojo, cumpliendo a rajatabla las indicaciones, horarios y exigencias de docentes en muchos casos ajenos a la realidad de cada casa y sobre todo ajenos a las necesidades de sus alumnos en demasiadas ocasiones.

Las comparaciones siempre son injustas, pero a veces es inevitable comparar.

¿Alguien se ha fijado en la ENORME DIFERENCIA entre la formación online que reciben los adultos y el pifostio cutre que han recibido DEMASIADOS niños y adolescentes en estos tres meses?

Y sí, tener que reconvertir toda la programación que ya se tenía a punto es tremendo, pero ¡Madre del Amor Hermoso! ¿En serio a alguno, cómo hemos visto, se le ocurrió que lo más adecuado para ofrecer formación de calidad en las actuales circunstancias era escribir en una hoja a mano el número de página del libro y los ejercicios que tenían que hacer, sacarle una foto y mandarlo por whatsapp o email a las familias? ¿Alguien de verdad cree que la formación online se basa en mandar leer y hacer ejercicios que a veces ni se han explicado y que las familias se apañen?  Eso es un truño, y así hay que decirlo.

Entre los que se conectaban por videoconferencia pretendiendo que los niños a pesar de estar cada uno en su casa estuvieran allí, frente a la pantalla las mismas horas que en el colegio, sin que fueran a mear o comieran algo cuando lo necesitaban, los que mandaban deberes a diario para que se entregaran en un máximo de veinticuatro horas sin pensar en cuantos usuarios había en la casa para ese mismo ordenador y las prioridades de cada familia, los que amenazaban con suspender a niños que tenían aprobadas las dos primeras evaluaciones del curso (eso se ha llevado mucho, el club de los docentes matones y mentirosos es abundante por desgracia. Matones por que amenazan y mentirosos por que con las dos primeras evaluaciones aprobadas no les pueden suspender en esta situación por como tengan la tercera por indicación expresa del gobierno) y los que se han pasado por el forro las indicaciones del gobierno y han evaluado como han querido, no sé como no se inundan las inspecciones de instancias y denuncias.

Ha quedado algo clarísimo: el sistema educativo actual está obsoleto, y demasiados docentes han decidido mostrarse incapaces de adaptarse al nuevo contexto.

El cambio es necesario más que nunca.  

Si hay un momento en que las familias deberían quejarse, denunciar y dejar a un lado esa indefensión aprendida que hace que traguemos con todo, es ahora.

Muchos maestros y maestras, vamos a ser sinceros, no tienen ni puñetera idea de la vida real. No la tienen. Pensadlo bien. Fueron al colegio, de allí se fueron a hacer Magisterio, dónde más o menos (con alguna cosa extra, claro), volvían a hacer lo que ya habían hecho en el colegio, para finalmente con veintipocos irse a trabajar ¿a dónde? A un colegio. Han vivido siempre en una burbuja, la escolar. No tienen ni idea de lo mucho que cambia la vida fuera de ese circuito, y eso les condiciona. Se empeñan en cosas ridículas, sin sentido, inútiles. El ochenta por ciento de lo que los niños hacen en el colegio no les va a servir de nada en su vida adulta, va a ser totalmente irrelevante. Es muy fuerte. Pero los maestros, empeñados en que los niños hagan por narices las chorradas que ellos exigen, por que de verdad se creen que sirven para algo. Son un colectivo no solo muy llorica (madre mía lo que les hemos tenido que aguantar en la Pandemia, todo el día llorando y pidiendo aplausos… que son más héroes ellos que los médicos y los bomberos casi, no como las madres, que se quejan de vicio…)  si no con una autoestima muy baja, todo el día pidiendo reconocimiento y exigiendo autoridad, abusando de quienes pueden, de los niños que han de tragar con exigencias estúpidas como tener que copiar todos los enunciados, repetir de memoria cosas que olvidarán en diez minutos, y tener que hacer trabajos bien hechos, pero no muy bien hechos, por que encima si es un trabajo excelente creen que el niño no ha hecho el trabajo, que no lo ha hecho solo, etc. Por que no conocen el mundo real y no saben por un lado el cambio que puede producir que de repente un tema sí te interese o estar en un ambiente más relajado y por otro parece que han olvidado lo importante que es colaborar, que te ayuden y ayudes. Si a un niño le ayuda alguien a hacer un trabajo, mejor que mejor, así el día de mañana él también ayudará a otros. Confunden el proceso de aprendizaje para el niño con su sistema de evaluación.

Choca mucho como cualquier niño o adolescente ahora mismo se puede apuntar online a clases de historia, pintura, narrativa, programación, matemáticas, etc, fuera del sistema reglado, pasárselo pipa y aprender muchísimo, y sin embargo tiene que seguir entregando ejercicios y trabajos más propios de la escuela decimonónica que de la que merecemos ahora mismo y que el papelito que va a decir si eres o no apto para ciertas cosas va a ser el de la enseñanza reglada, la que por desgracia suele ser en demasiados lugares, cutre.

¿Nadie ve que hay que cambiar esto?

Para empezar, cada vez más empleadores ignoran esos papelitos que ya sabemos que solo indican que en el momento adecuado dijiste lo que el evaluador de turno consideró que estaba bien o no.

Pero ¿cuándo la sociedad en su conjunto vamos a rechazar este sistema de una vez y vamos a cambiarlo?

Hay dos formas de cambiarlo, desde dentro y desde fuera.

Desde dentro es muy lento, por que constantemente te hacen tragar con ruedas de molino. El sistema se resiste mucho. Lo sé. Pero se puede. Hay miles de familias y docentes que lo intentan a diario y van consiguiendo logros. Todos conocemos escuelas diferentes, maestras fabulosas, proyectos que emocionan.

Desde fuera también se puede, se demuestra que otras opciones son posibles, que dan fruto, y además si algo se deja de usar por que no funciona y la gente no va, al final ha de cambiar por narices, lo hemos visto otras veces en otros ámbitos.

Yo hoy os voy a invitar a dos acciones diferentes, una desde dentro y otra desde fuera:

  • Para quienes elegís transformar el sistema desde dentro: denunciad, poned instancias y quejas en inspección educativa, inundadles, que tengan que actuar, que sea impepinable la necesidad de cambio.
  • Para quienes elegís transformarlo desde fuera: no les llevéis, convertíos en objetores al sistema y denunciad en redes, blogs, revistas, libros, radios, podcasts, televisiones, etc, todos los motivos por los que no pensáis llevar a vuestros hijos hasta que eso cambie. Y si os pido que os mojéis de esta manera es por que yo lo he hecho. Durante años he aparecido en prensa, radio, televisión, dado conferencias en universidades, organizado jornadas y encuentros públicamente, escrito en blogs, foros, redes, etc, mostrando otra opción y llamando al cambio. Jamás os pediría algo que yo misma no me atreviera a hacer.

Las cosas no cambian por que pase el tiempo, el tiempo solo perpetua lo que no se cambia. Las cosas cambian por que alguien decide hacer algo de forma diferente.

Haz algo diferente.

Azucena Caballero

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