La jornada partida no respeta los ritmos biológicos de los niños

Imagen cortesía de Elena López

Me llegan argumentos que defienden que la jornada partida es mejor para los ritmos biológicos de los niños y digo yo, ¿que ritmos?, ¿es que al sistema escolar le importan los ritmos biológicos de los niños? No, la jornada partida no respeta los ritmos biológicos de los niños en absoluto.

Un niño debería poder despertarse cuando ya no necesitara dormir más, jugar muchas horas, moverse libremente, no tener que atender más tiempo del que es capaz y no tendría que estar quieto. Debería poder comer en su casa, con su familia, y descansar un buen rato para luego disfrutar de tiempo libre de juego al aire libre, leer, distraerse, aprende cosas que decidiera y estar con su familia o amigos elegidos. Los madrugones, salir a la calle de noche, hacer fila con frío, dormirse en clase, no poder moverse, no poder ir al baño, comer o beber cuando sienta la necesidad, eso es respetar sus ritmos biológicos.

La jornada partida supone que los niños pasan el día liados arriba y abajo del colegio a casa o de casa al colegio, o peor, todo el día en el colegio encerrados, teniendo que comer (o mal comer), no tener un espacio cómodo donde descansar o estar tranquilos, no estar en su hogar más que unas horas al día.


La solución para evitar el machaque de horas que es la jornada continua (en la que deben madrugar mucho y las clases se amontonan) no es que se pasen todo el día de nueve a cinco en una institución, la solución es que la jornada escolar tenga las horas justas para que un niño de primaria aprenda las cuatro cosas que tiene que aprender y hacer que esas horas sean efectivas de verdad.

No más de 3 son más que suficientes, 4 si quieres añadir una hora de ejercicio físico o mejor dicho, de juego libre e igualitario en un espacio natural y amplio.


La cuestión es que el colegio y el Sistema Educativo no prioriza las necesidades de aprendizaje, movimiento, juego y relación de los niños, sino las necesidades laborales de los padres esclavizados por el capitalismo voraz y la incapacidad del sistema para ofrecer experiencias educativas efectivas.


Más dinero, más educadores por alumno, más flexibilidad y más espacio y más personal docente actualizado es lo que hace falta. No más horas. Nunca más horas. Y mucho menos más horas extensivas convirtiendo la jornada infantil en una jornada laboral.

Mireia Long

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