Madres de día, oxitocina para cambiar el mundo

oxitocina

En cuestiones de infancia el final del siglo XX y el principio de este siglo XXI se ha caracterizado principalmente por la progresiva institucionalización de los cuidados, no solo infantiles, sino también de personas mayores y dependientes. Si cuando nosotros éramos pequeños los abuelos se acababan viniendo a vivir a casa – aquellos “por meses” – y los niños que eran escolarizados antes de los cinco o seis años eran la excepción, en la actualidad es raro hasta ver bebés en sus carros por las mañanas en el parque. La incorporación masiva de la mujer al mercado laboral, a veces en condiciones bastante malas, ha traído como resultado la imposibilidad de cuidar personalmente a nuestros hijos o ancianos, las personas mayores copan las residencias y los bebés van a la guardería desde los 16 meses.

La institucionalización masiva de los cuidados infantiles parece tener bastante que ver con el aumento de todo tipo de trastornos relacionados con la infancia o la adolescencia. No faltan ya numerosas voces críticas que reclaman la presencia de los padres o de figuras de apego seguro en el cuidado de los hijos no sólo como un derecho adulto, sino como el derecho de los niños a ser criados en las mejores condiciones. La ciencia lo tiene cada vez más claro: la infancia es la base de toda la salud futura, tanto física como mental y las condiciones en que se produce la crianza son clave. Y la institucionalización de los cuidados no es la mejor opción.

Todo lo que necesita un bebé (y probablemente cualquier ser humano) es oxitocina. Contacto físico, palabras, miradas, reconocimiento y libertad de juego y de exploración son necesidades básicas de todos los seres humanos, pero principalmente de aquellos que, por su corta edad, están en pleno desarrollo. El cerebro humano, con su potente neocórtex que se desarrolla extra-útero prácticamente en su totalidad y con una gran rapidez en los primeros años de vida, necesita oxitocina para configurar los circuitos neuronales que le permitan después convertirse en un ser social, el ser social por excelencia. Brazos, abrazos, sonrisas, risas, caricias y en definitiva, presencia física de figuras de apego seguras son imprescindibles para el desarrollo emocional y también físico del niño (no debemos olvidar que la salud física está muy ligada a las emociones y que hormonas como la oxitocina, además de controlar comportamientos sociales como la empatía o la generosidad también está implicada en asuntos tan prosaicos como los movimientos del intestino grueso, entre otras cosas).

Las madres de día vienen a cubrir una necesidad social imprescindible como es el cuidado de los niños más pequeños en entornos acogedores, hogareños, que reproduzcan más fielmente las condiciones que se dan en casa, con figuras de apego seguras, fijas, que mantienen relación estrecha con los padres y que no están condicionadas por las normas y los dogmas de ninguna institución, devolviendo a los cuidados la calidad, pero sobre todo la calidez de los cuidados maternales. La filosofía de las madres de día es regalar oxitocina, la misma que proporciona mamá, pero cuando no está mamá. Y por eso creo que las madres de día están cambiando el mundo.

Irene García Perulero

irenegarciaperulero.com

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