Profesores que no respetan a los niños ni sus derechos (Tercera parte)

No todas las maestras y maestros son como los que hemos retratado en los artículos anteriores de esta serie de profesores que no respetan a los niños ni sus derechos. Y aquí está la prueba:

Te escribía porque has estado pidiendo algunas experiencias con malos tratos psicológicos a niños por parte de profesorado.
Tengo bastantes, pero te escribiré sólo 3, que ya me parecen más que suficientes.

1. El primer día que llegué al cole como profesora este año, 5 días después de llegar de otro país donde estuve viviendo varios años. Estaba emocionalmente aún en otro país y presencialmente trabajando en un cole en (hemos decidido omitir localización).

La otra profesora del ciclo me estaba presentando a mis alumnos uno por uno con sus respectivos juicios cuando de repente se para delante de uno de ellos, y casi sin mirarlo me dice: éste, este es un vago, no hace nada y se porta fatal.

Yo entré en estado de shock. No actué. Aún sigo arrepintiéndome de ese momento.

Decirte sobre este alumno que era mucho más activo que el resto. Que en mis clases le permitía levantarse siempre que deseara, como al resto de los alumnos y que a final de curso era un alumno ejemplar lleno de ilusión por aprender. Empezó a mirarme a los ojos (pequeños instantes… pero ya dejaba de mirar al suelo). etc.

Tengo muchas historias preciosas sobre este chico, incluyendo la progresiva aceptación y apoyo del resto del aula hacia él. Todos juntos reflexionamos sobre el trato de otros profesores hacia él y cómo ello había podido influir en él y toda la clase.

2. El director solía gritar e infravalorar a los alumnos. En una de las ocasiones, éramos 3 profesores en el aula. Uno de los cuales era el director, el cual en un arrebato de rabia de los suyos se puso a gritarle a un alumno como si fuera el peor niño y como si hubiera hecho lo peor del mundo. Yo también estaba asustada, pero me dirigí al alumno delante del director y ante la pasividad de mis otros compañeros (teniendo en cuenta que yo soy la novata y el resto llevan años trabajando allí) intenté acompañar ese malestar y apoyarle, provocando por supuesto una explosión de tristeza que, por suerte, pude acompañar.

3. El mismo director, en mi aula.
Ese día yo ya estaba un poco más curtida en días de trabajar allí y ya me importaba menos la opinión de mi superior y actué con más dureza hacia él, aunque teniendo muy presente que estaba en el aula siendo el modelo de 30 alumnos.
Resulta que sin saber yo porqué, el director se puso a gritarle a lo loco a una de mis alumnas. Vació sobre ella toda su rabia en palabras y miradas llenas de odio.

Lo que él no sabía era el trabajo que había detrás de esa alumna para fomentar su confianza en sí misma y que yo no iba a dejar que todo ese esfuerzo y resultados que ella había conseguido se esfumaran por 2 minutos de odio.

Muy educadamente le ofrecí otra forma de comunicarse y le pedí que no volviera a hablar así a ningún alumno de mi clase, porque en mi aula no se permitía este tipo de comunicación.

Tras lo que me agaché y abracé lo más fuerte que pude a la niña, la cual estaba llorando y temblando.

Realmente estaba aterrorizada, pero creo que fue importante que el resto de la clase viera que era posible encararse al director y que era necesario que se paren los pies a personas que actúan así.

A parte de estos dramas, también tengo muchas otras experiencias preciosas, divinas… de conversaciones con mis alumnos. Días en los que hemos llorado todos juntos, días que no parábamos de reír, días que nos peleábamos y aprendíamos a pedirnos perdón, reconocer la posibilidad del cambio de opinión (brutal en niñes de 8 años)…

La docencia me encanta… pero no aguanto más el hecho de ser la rara.

Una profesora llego a decirme en la cara que los niñes me preferían a mí porque yo no ponía límites… Cuando es todo lo contrario. Yo sí pongo límites y normas, pero pongo sólo las necesarias y de forma respetuosa. Punto.
Voy a poner mi granito de arena desde otra dirección

Alicia

Me ha costado mucho decidirme a mandarte mi testimonio, porque me toca muy de cerca. Como profesora, mis alumnos son como mis hijos en el instituto, pero el testimonio que te quiero contar es sobre mi hijo mayor, por eso me cuesta hablar sobre él.

Mi hijo R. está ahora en sexto de primaria. Durante toda la etapa de infantil estuvo la misma maestra, aunque esa persona no se merece ese nombre. R. era un niño muy tímido que empezó con mucha ilusión el cole, nos sorprendió con sus ganas de ir a la clase de infantil a aprender muchas cosas. Pero conforme pasaban los meses, se iba cerrando y no contaba nada de lo que ocurría en clase. La maestra, que debería haber sido su figura de referencia en el cole, estuvo mintiéndonos durante toda la etapa, y sabiendo que R. no contaba nada en casa, nos hizo creer lo que le convenía en las tutorías cada vez que íbamos.

Esto me duele muchísimo, por no haber sabido leer en mi hijo aunque él no nos contara nada… Hemos ido enterándonos de cosas por madres que entraban al aula y por otra maestra que me acabó contando lo que ella había visto, pero todo ya cuando R. pasó a primaria y la burra de su maestra ya no estaba en el centro.

Algunas de las cosas por las que pasó R. y espero que alguna vez se sienta preparado para contarme: la maestra los dejaba solos en clase y dos de sus compañeros aprovechaban para patearle las espinillas, al llegar a casa me decía que se había caído en el patio, pero finalmente nos contó lo que pasaba, ya terminado el curso.

R. es de altas capacidades y desde que entró en infantil, la maestra le hacía de menos en clase, le tildaba de «malo» porque se aburría y era muy activo, le mandaba a la silla de pensar (instrumento infernal para un niño inquieto). Parecía como si tuviera envidia de un niño, por la Diosa, un niño!!!!

El capítulo más penoso de todos fue en tercero de infantil, donde me enteré por otra madre que le había colgado un cartel al cuello que le había hecho escribir y que ponía » soy malo y me porto muy mal» y lo había paseado por las demás clases de esa guisa… a un niño que le daba vergüenza disfrazarse y que no se vestía ni en la función del cole (nunca jamás le hemos obligado a ello, si no le gusta, no le gusta)

Tenía a mi hijo tan etiquetado en la clase, que pasara lo que pasase, los demás niños le echaban la culpa a él, aunque no estuviese siquiera. Al pasar a primaria, lo primero que le dijo a la seño que cogía el grupo fue que cuidado con R., que era un niño malo…


Cuando nos enteramos de esto fue por una madre que iba a una tutoría inicial y la escuchó. A todo esto, mi hijo cada vez más encerrado y nosotros sin saber qué ocurría, pensando que el problema venía de otra parte y sin conseguir respuesta por su parte.

En primaria, encerraron a un niño de su clase en el WC y le echaron varios compañeros la culpa, diciendo que había sido él. La seño los creyó, porque eran varios los que lo dijeron y resulta que le habían castigado sin recreo y estaba con otra maestra en la puerta del patio sin moverse… Fuimos a hablar con dirección, le contamos lo que nos había dicho la madre y una de sus compañeras sobre que ni siquiera estaba con los otros niños cuando pasó lo del encierro.

Estuvimos luchando por un cambio de clase y finalmente en tercero le cambiaron al otro curso… de repente R. venía contento de clase, nos hablaba de su tutora que le parecía maravillosa, de sus compañeros, volvía a tener ganas de ir al cole…

Me arrepiento de no haber hecho más para que esa mujer pagase lo que hizo sufrir a mi hijo, solo denunciarla no sirvió de nada, nadie quiso ir de testigo y era su palabra contra la de un niño etiquetado de malo desde hacía años. Me doy cuenta de cuánto dolor tengo dentro todavía, estoy llorando mientras te escribo y revivo esto otra vez…

Ahora miro atrás y con lo que sé ahora, no hubiera reaccionado ni actuado igual, hubiera salido hasta en los periódicos. Una vez he empezado, no he podido parar a pesar del dolor.

Yo no puedo perdonar a esa persona lo que hizo, creo que más de una reacción de R. es aún para protegerse, me cuesta mucho, paciencia, cariño, que en ocasiones, sobre todo al preguntarle por temas del cole, no esté a la defensiva y ya han pasado 6 años… Yo soy docente, de Secundaria, y de verdad que hay actitudes, comentarios, formas de tratar a los alumnos que ni siquiera se me pasan por la imaginación. No puedo entender que con niños aún más pequeños, más vulnerables, algunos mal llamados maestros actúen así.

Me he encontrado con muchos alumnos adolescentes que tenían contar lo que les pasaba y cuando se les da un mínimo de confianza, respeto y cariño, lo vomitan, barbaridades que sufren en las clases, de otros compañeros, de profesores… Termino todos los cursos haciendo labores de tutoría con alumnos que no son mis tutorados, pero no puedo quedarme callada… Son mis chicos, sé que estoy un curso solamente con ellos, pero si durante ese tiempo se han sentido capaces de contarlo y ven que se toman cartas en el asunto, mi esperanza es que encuentren su voz al año siguiente y no dejen que les pisen.

Es una pena que una madre salga contenta de una tutoría porque la he escuchado y atendido y comprendido… ¿Por qué clase de personas han pasado para que tengan esa reacción? Es mi deber moral atenderla y escucharla y hacer lo posible por conocer a mis alumnos.

Luego pienso en la desidia que me rodea y lo entiendo. Falta formación y no me refiero a la académica de la materia en cuestión, en los docentes.

Cuando hice el máster de enseñanza bilingüe, tenía compañeros que me decían «para qué te das esa paliza, total no te vale de nada»… Mi respuesta era siempre la misma: «pregunta a mis alumnos». Y si ya hablamos de pedagogía, de atender las distintas inteligencias, de atender al adolescente, ya no te cuento…

Margarita

En claustro de profesores: hablando de un niño con un perfil de aprendizaje distinto, hablando de él como que tiene un problema, intervengo y les digo que ese lenguaje no es acertado y me saltan: “si te parece decimos que es una virtud”…. en tierra yerma… no crece ni la sombra….

Paloma

Soy profesora de Secundaria desde hace quince años y el lenguaje que se utiliza para referirse a los alumnos siempre me ha escandalizado y sigue haciéndolo.

María

En un instituto , el jefe de departamento me llamó al orden porque según el no daba clase…solo jugábamos. Intente explicarle que así aprendían y que era mas motivador, etc…me puso de vuelta y media, con frases como: desde que la plastilina llegó a los institutos! Trabajo duro y sudor…y demás lindenzas….ni que decir que seguí haciendo lo que me dio la gana y al final de curso yo me despedía del alumnado entre abrazos y fotos, con muchas familias también y el solo atendía a las reclamaciones en sus exámenes queridos, que según él era lo importante…

Silvia

Tener a personas indefensas a tu cargo y sin recursos para actuar en su propia defensa es algo que atrae a los empáticos… pero también a los sádicos.


Aplicable, obviamente, al profesorado entre otros.

Mireia Long

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