Pues sí, quiero ser Madre de día

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Parece que en mi vida suelo ir a contracorriente. Hasta estudié Terapia Ocupacional, que, a día de hoy, y 15 años después de terminar esos estudios, sé que aún se desconoce a qué se dedican los Terapeutas Ocupacionales.

Trabajando como Terapeuta estudié Psicología. Sí, también estudié una carrera de las que se denominan “normales”, siempre que no tengamos en cuenta los numerosos comentarios de por qué la gente estudia psicología o que todo nuestro trabajo se centre en un diván y psicoanalizar. Al menos era una licenciatura conocida; la “ titulitis” siempre se ha valorado bien en nuestro país. Y nadie quiere ir al psicólogo, ni admitir que va a uno, pero tampoco está muy mal que tu hija estudie psicología (sí, sigo con los tópicos, ¿cuántos psicólogos, hombres, conoces?).

Durante mi vida laboral, extensa, he hecho muchas cosas. Y reconozco que, en general, siempre mi trabajo me ha gustado mucho, muchísimo. He sido Preparadora Laboral, Técnico de Apoyo en el Empleo y otras muchas cosas poco corrientes. Vamos, lo propio en mí. Trabajos en los que me he desarrollado como persona, a los que me he dedicado con pasión y donde he conocido a gente maravillosa… pero en los que siempre me faltaba algo. Y no quería asentarme en ellos. El trabajo indefinido no llegaba nunca, ni tampoco hacía mucho por buscarlo. Me planteaba emprender, pero la idea no acababa de cuajar.

Y entonces fui madre. Ahora lo soy por partida doble.

Como ya podrás imaginar, la crianza de mis hijas también va contra corriente. No puede ser de otra manera. Porque es lo que descubrí haciendo caso a mi instinto, ese instinto tan olvidado en el mundo en el que nos movemos. No sé muy bien cómo dejé aflorar el mío; mi pequeña gran maestra, mi hija, lo hizo posible. Yo solo tenía que seguirla, y empezar a escucharme a mí misma. Y lo cierto es que está siendo el gran aprendizaje de mi vida, en muchos sentidos.

Y con mis peques he crecido, he investigado, he reconstruido mis pilares, me he empoderado, me he descubierto, me he (re)formado; y, sí, dentro de esta maraña, de encuentro conmigo misma y de crianza y educación alternativa, también descubrí las madres de día. Esa figura que, fuera de su hogar y aun lejos de sus padres, por fin permite al peque ser él mismo, desarrollarse, crecer y aprender siguiendo un camino que sólo marca él (o ella, por supuesto).

Que lo respeta, que acompaña sus emociones, le proporciona un ambiente protegido y seguro, y le hace sentirse querido. Esa figura, la de madre de día, valorada, venerada, admirada y subvencionada públicamente en los países europeos que tan cerca tenemos, y tan poco conocida en nuestro entorno (por cierto, la Terapia Ocupacional es imprescindible, entre otros, en la rehabilitación de pacientes en muchos países europeos, ya ves).

Y así, otra vez contra corriente. Porque, ahora, quiero ser Madre de Día.

Y me pregunto…

si es lo que me va a hacer feliz, lo que reflejará en mi familia; si eso me va a permitir conciliar mi vida familiar, que es lo más importante para mí; si mi vocación es mi pasión y, sobre todo, si caminaré junto a peques que van a ser queridos, respetados en su desarrollo, en sus vivencias, en su evolución, en sus tiempos; sostenidos en sus emociones, en un ambiente protegido y seguro, a pesar de no estar con sus padres…

entonces…¿no merece la pena ir a contracorriente?

Pues sí, decididamente, QUIERO SER MADRE DE DÍA

Vanesa Burguillo. Contacto <vbm9@yahoo.es>

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