Ser madre de día y madre de un bebé de alta demanda

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Ser madre de un niño de alta demanda es lo más difícil a lo que me he enfrentado. Los que tengáis niños con estas características me entendereis.

Para los que no estén familiarizados con éste término decir que son niños con una necesidad de atención enorme, prácticamente constante, que son muy sensibles y que sus  reacciones son muy intensas siempre. Es fácil que las personas que desconozcan ésta particular forma de ser tachen a los niños de llorones, pesados, egocéntricos….y sufren algo de rechazo, porque en general tienen bastantes rabietas muy intensas, necesitan mucho contacto físico y tienen rutinas que les tranquilizan, y son necesarias mucha paciencia y comprensión para educarlos y cuidarlos.

Mi hijo tiene tres años y no ha ido a la guardería ni al colegio. Por su manera de ser sé que se estresa con mucha facilidad y eso sumado a que no me gustan las filosofías de los centros de nuestra ciudad,  que acudiera a alguno de ellos no era una opción.

Por suerte, hace unos meses me dedicí a crear un grupo de juego en el que él y otros niños podrían jugar y desarrollarse con tranquilidad y empatía, y dónde se trabaja por atender a sus intereses personales y educativos de manera personalizada. El proyecto se llama El Castillo y es un centro de madres de día.

La madre de día es una figura que en Europa, especialmente en Alemania está muy arraigada, pero que en España apenas se conoce. Se trata de una mujer, generalmente mamá y generalmente con estudios relacionados con la infancia que cuida en su hogar a un número reducido de niños.

La posibilidad de trabajar como madre de día junto a otras en El Castillo y cuidar de mi hijo está siendo una experiencia maravillosa. Él se siente seguro porque estoy a su lado pero puede jugar y relacionarse con otros niños, explorar y aprender con naturalidad en un ambiente de confianza y respeto.

Antes de empezar a pasar las mañanas alli, en casa podía satisfacer muchas de sus necesidades: atención, cariño, seguridad…y también fomentar su interés natural por aprender, pero el día a día con un niño de alta demanda es agotador y su necesidad de pasar tiempo con otros niños y estar rodeado de mayor variedad de gente y estímulos aumentaban.

Otra de las ventajas de trabajar como madre de día es el hecho de poder compaginar de manera real mi vida laboral con el cuidado de mis hijos. Además de trabajar aquí tengo otro negocio y sé perfectamente que es muy complejo, por no decir imposible llevar a cabo la famosa conciliación. Ahora mismo puedo ir a El Castillo con mis dos hijos, aunque uno de ellos es un bebé de mes y medio ya que el grupo de juego está compuesto por niños de edades variadas, y las características de lugar y del trabajo me permiten cuidarle sin problemas.

En éste ambiente, mi pequeño de alta demanda adquiere muchas facilidades para gestionar sus emociones, que por su personalidad, son desbordantes en muchos casos. Las madres de día que estamos a su lado y las mamás que acompañan a sus niños en el grupo de juego le procuramos un trato cálido y empático y le ayudamos a expresarse y a relacionarse cuando surgen dificultades, acompañamos sus emociones y las permitimos y así él puede ser él mismo en un sitio dónde se le entiende y se le respeta.

Rosalina Arenas Aguado

http://www.crianzarespetuosaelcastillo.es/

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