¿Tengo que llevarlo a la guardería?

amor

Uno de los problemas sin resolver más peliagudos de todas las sociedades post-industriales como la tuya y la mía es la ausencia total de conciliación laboral. La conciliación, según el criterio de muchas personas, pasa casi siempre por construir montones y montones de guarderías para que las madres podamos volver cuanto antes a nuestro puesto de trabajo. A veces no queda más remedio por motivos económicos. Y sin embargo para muchas de nosotras esto no es la solución.

Por otro lado es posible que a ti, como a mí, no te educaran para convertirte en ama de casa de por vida. Puede que tengas estudios o una carrera profesional. Y es posible que incluso te guste tu trabajo y quieras ejercerlo. Sin muchas posibilidades de conservar un trabajo  si lo abandonas después de ser madre, sin leyes que protejan nuestro puesto mientras estamos criando y con un mercado laboral que claramente nos discrimina a veces no queda otra que volver para no perder oportunidades, o para poder seguir pagando las facturas.

Pero también puede ser que sigan sin gustarte las guarderías.

Seamos sinceras, casi todas nosotras vamos a tener una sensación bastante visceral de rechazo al pensar que tenemos que mandar a nuestro precioso bebé a una institución en la que una persona desconocida y escogida con quién sabe qué criterios va a cuidarlo por dinero, junto con otros ocho, o nueve, o diez, o el número que sea de bebés, determinado también por criterios ajenos. Una de las cosas que más molestan cuando eres madre es que no te dejen elegir y cada vez somos menos las personas que pensamos que un bebé de un año necesita socializar diez horas diarias con otros niños o ¡peor! que tiene derecho a la educación.

Compaginar las necesidades del bebé con las nuestras propias no siempre es fácil, pero hay que tratar de llegar a puntos de encuentro. Esto es lo que se denomina “bondad de ajuste”, que es diferente para cada familia y en cada momento determinado. Mientras las bajas maternales sigan siendo exiguas, habrá que apañarse, pero la dura realidad a la que hay que enfrentarse es que un bebé muy pequeño donde peor está es en una guardería.

Las necesidades fisiológicas y emocionales de un niño pequeño, al menos si pertenece a la especie humana, están bastante claras: lo que el bebé requiere principalmente son figuras de apego y no sólo para el desarrollo psicológico, sino también para el físico, que a la hora de la verdad todo está íntimamente relacionado. Figuras de apego con suficiente disponibilidad. Personas de varias edades, intereses y personalidades, los seres humanos nos desarrollamos mejor en tribus, si es posible cerca de mamá, pero si no cuanto más se le parezca la cosa, mejor.

Llega el momento de reincorporarse al trabajo y la pregunta está ahí ¿tengo que meterlo en una guardería?

No, no es necesario meter a tu hijo en una guardería. A pesar de que el asunto no es sencillo existen varias opciones de cuidado cuando tienes que reincorporarte al trabajo. Reivindicaciones aparte, que eso no vamos a dejarlo. Abuelas, excedencias, hermanas o amigas con niños…,cuando llega la hora de plantearse el volver a trabajar lo primero es explorar todas las posibilidades, como crear un grupo de teletrabajo con otras madres. Echarle imaginación es fundamental, hay veces en que la solución no aparece a simple vista. Ser poco convencional en este caso se premia, con un niño más sano y más feliz. No tengas miedo de salirte de la norma. 

Afortunadamente y a pesar de que en las épocas que corren las abuelas – que suelen ser la primera opción – tampoco están disponibles y el resto de variantes no son asequibles, aparece en el panorama una nueva figura que puede venir a solucionarnos el problema: las madres de día. 

Las madres de día vienen a suplir las necesidades de los niños que, por el motivo que sea, no pueden permanecer en casa, y cuyas madres prefieren no inscribirlos en un centro de educación infantil. Son una opción antigua y a la vez moderna. En un mundo en el que las familias están cada vez más atomizadas, en el que las relaciones vecinales son cada vez más superficiales y en el que las redes de madres son prácticamente inexistentes, las madres de día resuelven al menos en parte el problema de qué hacer con los niños cuando tengo que volver al trabajo si no quiero inscribirlos en una guardería tradicional.

Su principal ventaja es que eres tú misma la que elige con quien va a dejar a su hijo. Sólo por esto ya merece la pena planteárselo. ¿No crees?

Y…si lo tuyo es ser valiente ¿qué tal hacerte madre de día tú misma?

Irene García Perulero

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