Deberes y respeto al niño

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El tema central de mis reflexiones es el respeto que los adultos deberíamos tener hacia los niños. Y también la otra cara de la moneda, el respeto que pretendemos que ellos nos tengan a nosotros, como adultos.

Para mí el problema es que en el primer caso lo único que solemos hacer es tolerar ciertos rasgos o comportamientos (por otro lado, naturales o intrínsecos) de nuestros hijos – y nos creemos que así “los respetamos”, y en el segundo caso les pretendemos una especie de adulación/obediencia incondicional hacia nosotros que difícilmente podría definirse como “respeto” en realidad.

Hay un dicho que dice [Tweet “”respeta si quieres ser respetado””]. Si la actitud nuestra de padres es de verdadero respeto esto se reflejará con los años también en nuestros hijos. No pretendamos que nos lo muestre desde la cuna porque será imposible: su cuerpo, su cerebro necesitará muchos años para copiar exactamente nuestra actitud (porque no nos engañemos, los padres SOMOS un ejemplo, un modelo – EL MODELO, diría yo -, y los niños nos copian tal cual porque no tienen otra manera de aprender, estamos diseñados así, y todos los valores morales, éticos y emocionales los aprendemos a través de la observación y la imitación de la gente que nos rodea). Pero en el transcurso de los años los niños aprenderán a dominar a la perfección los modelos que copiaron (es decir, primero a sus padres y luego incorporando rasgos que les parezcan interesantes de otras personas de alrededor) y los valores que sean se reflejarán de forma fiel – incluso mejorada en la mayoría de los casos – en ellos. Por lo tanto, si nosotros, los padres o maestros, hemos hecho gala de unos valores de pacotilla, superficiales, basados en el miedo y el chantaje, y no en sentimientos reales y en el cariño, todo esto se verá duplicado en nuestros hijos, para bien o para mal.

No se puede ser tan incoherente como para pretender respeto real de nuestros hijos cuando lo que nosotros ofrecemos en muchos casos es una tolerancia agresiva basada en el miedo y la manipulación (“te tolero, pero siempre a cambio de que me obedezcas; si no lo haces te castigo”). Los niños no son tontos, ni ciegos. Nacen con esta claridad y limpieza mental, con una falta de prejuicios que los hace ver las cosas tal y como son aunque no sepan y no sean capaces de describir o incluso comprender interiormente la situación en sí. La sienten, la copian de forma casi inconsciente y la reproducen.

Por lo tanto y volviendo al respeto, la definición del vocablo en el diccionario de la lengua española de la RAE  es:

(Del lat. respectus, atención, consideración).

1. m. Veneración, acatamiento que se hace a alguien.

2. m. Miramiento, consideración, deferencia.

Tener veneración y consideración hacia nuestros hijos es algo imprescindible si queremos que ellos también lo sientan hacia nosotros. Por un lado los niños siempre quieren contentar a los padres si eso no va en contra de su manera de ser como individuos y no han sido manipulados por los adultos; por otro necesitan desarrollar su propia personalidad y es normal que así sea. Nosotros podemos – y lo hacemos en la mayoría de los casos – abusar de esta situación de “poder” que tenemos sobre ellos, pero ni es ético ni es sano, porque ellos necesitan también desarrollar su propia personalidad, y forzarles ser distintos para que correspondan con nuestro ideal mental es un error y una injusticia hacia ellos.

Tener respeto hacia los niños es aceptarlos tal y como son, acompañarles en su día a día y aprender cómo son, observar sus talentos y permitirles a desarrollarlos, enseñarles normas de convivencia básica sin caer en absurdas limitaciones convencionales sólo porque “así se ha hecho de toda la vida” o porque para el adulto “así es más cómodo”. Respetar a los niños significa negociar con ellos cuando hay una situación de conflicto – enseñarles el poder del diálogo y de la comprensión, de la paciencia y del cariño, mostrarles el deseo de querer resolver el conflicto de tal forma que las cosas salgan bien para ambas partes. Significa también guiarles con amor, sin violencia o enfado, y sin obligaciones inútiles (darle un beso a un adulto si el niño no quiere es una obligación inútil, al niño no le sirve darlo a regañadientes y al adulto en cuestión menos todavía si se le ofrece en estas condiciones – no así se aprende a ser cariñoso o cortés, y menos si se le chantajea porque ha ejercido su derecho a la intimidad personal y ha rehusado dar un beso, en plan “si no me besas me enfado contigo y ya no te doy chocolate”).

Respetar a los niños es tratarles con el mismo cuidado con el que nos gustaría que nos tratasen a nosotros. Sólo de esta forma aprenderán ellos a respetarnos a nosotros a su vez para toda la vida.

Y volviendo al tema que representa el punto de partida de mis reflexiones: meditando sobre la obligación de hacer cada vez más deberes y más trabajos escolares repetitivos, pensé en la falta de respeto que esto supone hacia nuestros hijos; en vez de ayudarles a hacer aquellas actividades que de verdad pueden desarrollar su potencial (distinto en cada niño) les obligamos a pasar horas y horas en deberes inútiles y absurdos aunque ya hay evidencia de todo tipo que demuestra que los deberes NO garantizan una buena disciplina, éxito académico o profesional, o un buen desarrollo intelectual.

Respetemos a los niños y ofrezcámosles una educación de calidad, actividades vitales y, sobre todo, acompañémosles en su crecimiento y educación.

Si quieres saber como acompañar a tus hijos en el desarrollo de su carácter, con respeto, en la Pedagogía Blanca te vamos a ayudar. ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA

Por Sorina Oprean

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