Tus hijos no son tu legado(1)

Tus hijos no son tu legado

 

Si has tenido hijos olvídate de tu legado (o haz que el otro progenitor lo olvide también). Muchas veces, si reflexionas, tu legado cultural no es especialmente importante, seamos sinceros, eres bastante insignificante a nivel histórico.  Sea como sea, incluso si tú eres extraordinario, ten claro que tu obligación es trabajar con ellos y ayudarles para que sean ellos mismos y no una pequeña copia de ti (o de tu pareja o de sus abuelos). Un hijo no es un depósito para un “legado” que supone compartir gustos, aficiones, equipo de futbol, ideología política o creencias religiosas. Un hijo es un ser libre nacido para ser él o ella mismos y a quien tu debes proteger y acompañar. Incluso, si es necesario, debes ser capaz de pararle los pies a otros adultos que intenten hacerle a tu hijo un lavado de cerebro para transmitir su “legado”.

Evidentemente es inevitable que hablemos y mostremos nuestra forma de ser y las cosas que amamos en la convivencia diaria, y, lógicamente, los niños se sentirán atraídos y curiosos e, incluso, asumirán muchas de ellas como forma de identificarse con nosotras. Pero, cuidado con como expresamos eso que somos, nos gusta o practicamos. No es lo mismo que te encanten algunas manifestaciones culturales (música, literatura…) o seas de determinado equipo y lo expreses a que lo hagas con insultos, desprecio o actitudes agresivas hacia quien no comparta tus gustos o sea de otro equipo. Lo mismo, y mucho más serio, será si hablamos de ideas políticas, sentimientos de pertenencia a colectivos nacionales, o creencias en una determinada religión. Tu hijo debe saber en todo momento que es amado, libre y respetado para elegir ser diferente a ti, explorar otras visiones del mundo y practicar otros deportes, actividades o religión (o falta de ella) sin que tú, ya que lo demuestras hacia otros, sentirás desprecio o rechazo por él.

Por muy genial que alguien considere el “mundo del motor”, el baile clásico o cualquier deporte, por ejemplo, solo una minoría de los niños a los que se les inculque van a ser estrellas, no enfoques tus deseos frustrados en ellos, no te obsesiones con que sean los mejores para sentirte tú que no has fracasado o con la idea de un futuro económico seguro. Tu hijo merece hacer lo que ama, libremente, y descubrirlo por si mismo, por lo que, más que presionarlo, lo que debes hacer es fomentar su libertad, incluso contra otras personas de su círculo familiar o social.

Pero, más allá de eso, nuestra obligación como padres no es solo pasiva, sino activa. Tenemos que ayudar a nuestros hijos a que descubran quienes son, que les interesa, con que se apasionan y que les gusta de verdad. Muchos conflictos de la adolescencia no existirían si los padres hubieses dejado que sus hijos fueran ellos mismos en vez de apabullarlos con críticas o tratar de modelarlos como pequeños ejemplos de ellos mismos o de lo que la sociedad o grupúsculo social consideraran normal. Llegan a los 12 o los 15 y explotan, con rabia, contra el colegio y contra sus padres, porque no saben quienes son y no quieren ser lo que les manden ser. Igualmente, muchos adultos descubren a los 40 que no tienen ni la más remota idea de quienes son o de la vida que desean llevar, que solo se han dejado arrastrar por los prejuicios y expectativas de otros y caen en una profunda crisis existencial.

Tu hijo tiene un DON, tiene un espíritu indomable que necesita desarrollarse, tiene derecho a ser diferente a ti y a todos los demás. Abre su mundo, abre su mente, muéstrale que puede ser quien desee ser, sin importar las normas, los gustos, las ideas o las costumbres de quienes son más cercanos. Y, por supuesto, déjale ser él o ella mismos sin hacer caso a los estereotipos de género. Tu hijo puede ir a clases de cocina. Tu hija puede escalar. Tu hijo madrileño puede pasar del futbol o ser del Barça. Si le enseñas a despreciar a los otros, a los que no son como tú, te aseguro que tu legado es despreciable y no eres mejor que un mandril. Olvídate de transmitir tu legado.

Mireia Long

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